Muchas veces pensamos que el problema es que no entendemos el Evangelio.
Pero en realidad, muchas veces sí lo entendemos… y justamente por eso nos cuesta aceptarlo.
No es que no lo entiendas.
Es que sabes que si lo aceptas… tendrás que cambiar.
Aceptar el Evangelio no es simplemente decir “sí” a Jesús.
Es también aprender a decir “no” a muchas cosas que antes definían nuestra vida.
Decir no al orgullo.
Decir no al placer que nos aleja de Dios.
Decir no al resentimiento que guardamos en el corazón.
Decir no al deseo de tener siempre el control.
Y eso duele.
Porque implica soltar lo que nos ha formado durante años.
Pero ahí es donde comienza la verdadera transformación.
El Evangelio no viene para acomodar nuestra vida tal como está.
Viene para renovarla completamente.
La Cuaresma es precisamente ese camino.
Un tiempo para detenernos.
Un tiempo para mirar hacia dentro.
Un tiempo para permitir que Dios haga en nosotros lo que solos nunca podríamos lograr.
Cuaresma es morir a lo que somos y renacer en Él.
Porque sólo a través de Su luz seremos transformados.
Aceptar el Evangelio es aceptar ese proceso.
Aceptar que Dios no solo quiere perdonarnos, sino también hacernos nuevos.
Y aunque cambiar duela…
la vida que nace después siempre es mejor que la que dejamos atrás.
Añadir comentario