
Una reflexión sobre creer aun cuando no entendemos
En una barbería común ocurrió una conversación que dejó una profunda enseñanza sobre la fe y la existencia de Dios.
Mientras un hombre se cortaba el cabello, el barbero afirmó con seguridad que no creía en Dios. Su argumento era sencillo: si Dios existiera, no habría tanto sufrimiento, enfermedades ni niños abandonados. Para él, el dolor del mundo era prueba suficiente de que Dios no podía existir.
El cliente escuchó en silencio. No quiso discutir. Sin embargo, al salir del local, vio a un hombre con el cabello y la barba muy largos. Entonces regresó a la barbería junto a él y lanzó una afirmación inesperada:
— Los barberos no existen.
Sorprendido, el barbero respondió que eso era absurdo. Él mismo era la prueba de que los barberos sí existen.
El cliente entonces explicó su punto:
Si los barberos existieran, no habría personas con el cabello y la barba tan descuidados. A lo que el barbero respondió:
— Los barberos sí existen, el problema es que esas personas no vienen a mí.
Ahí estaba la respuesta.
Dios sí existe. El problema no es su ausencia, sino que muchas personas no lo buscan, no se acercan a Él.
La fe no elimina automáticamente el dolor, pero da sentido, esperanza y dirección incluso en medio de las dificultades.
Porque creer no es ver primero.
Creer es confiar aun cuando no entendemos.
Eso es la fe.
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